miércoles, 28 de septiembre de 2011

Con Al Capone, Hitler y Atila es más fácil

Por Orlando Barone

Se sabe que el arte de todos los tiempos ha contado la historia de todos los villanos. Pero una vez que el villano no puede hacer daño a nadie. Si Mike Amigorena no sabe esto: lo intuye. Porque Héctor Magnetto está vivo y colea y el final está aún abierto.

Amigorena puede hacer de Hamlet, y según la crítica lo hace con talento; pero para hacer hoy del oculto titiritero mediático, retratándolo en delitos de chantage, tortura y despojo, se requieren otros dones espirituales e ideológicos. Y ningún actor está obligado a tenerlos y menos a forzarlos. Amigorena debe haberse dado cuenta –lo que es indicio de salvador instinto- de que si a un actor le encomiendan personificar a un puntero suburbano grasa y corrupto le será fácil y sin riesgos. Temerario sería interpretar a Bin Laden aunque esté muerto. Porque podría tener recursos de vendetta post mortem. Y nunca se sabe.

Cuando Orson Welles en 1941 interpretó al temible magnate periodístico William Randolph Hearst, el personaje real estaba en decadencia y su imperio en el ocaso. Ya había sido desactivado y era inocuo.

Y cuando Paul Muni en la primera versión de la película “Scarface”, en 1932, se puso en la piel diabólica de Al Capone, este ya estaba en cana y listo para ser clausurado como convicto. Con el paso del tiempo retratar en el arte al “Padrino” fue y es tan manso como retratar a Peter Pan o al descubridor de la vacuna contra la poliomielitis. Porque “Don Corleone” expandió su bonomía y le da nombre a pizzerías y cantinas, y no sé si a algún lujoso complejo de turismo al estilo de Sicilia.

En tanto, Hollywood se cansó de demonizar justificadamente a Hitler, pero después de la guerra y cuando ya el tipo se había vuelto carbonilla. Ahora también los alemanes hacen con Hitler lo que quieren, hasta chistes.

Otro gran malo fue Atila. El que por donde pasaba no dejaba crecer la hierba, y al que los antiguos romanos le llamaban “el azote de Dios”. Atila llegó a personaje histórico cuando ya los hunos estaban bajo tierra y eran leyenda. Porque en su época no lo nombraba nadie sin bajar la voz y cerrar las puertas. Y aunque en el siglo quinto, no había cine: había teatro. Sin embargo ningún actor ni juglar iba a ser tan suicida de disfrazarse graciosamente de Atila, sin pensar en que éste podía enterarse y subirse al escenario con el caballo y blandiendo la cimitarra de doble filo. Hoy hay tiernísimos padres, tan posmos, que a sus bebitos les ponen de nombre Atila. Como podrían ponerle “Bambi”.

Acaso sería original escribir y representar una obra de teatro con un Atila bondadoso cuyo hobby en lugar de descuartizamiento en vivo fuera levantar hogares de asistencia y recuperación de movileros de radio y televisión. Recobrarlos en seres cuerdos y prudentes, incapaces de desear ni provocar incendios ni de anunciar amenazas de meteoritos.

Resta ahora esperar que el desenlace de la retorcida historia del personaje Magnetto sea tan feliz para los argentinos, que cualquier actor en el futuro se muera de ganas de interpretarlo.

Pero se ve que todavía falta para que un villano real pase a ser de película. Es decir, pase a ser inofensivo.

Lo único cierto de esta historia es que Mike Amigorena está tranquilo y muy bien en el papel de Hamlet. Entre “ser y no ser” eligió ser sin aspirar a héroe. Pero ya nadie sabrá que “ser” hubiera sido personificando a Magnetto.

Fuente: Diario Registrado

"La presión sobre Mike empezó en el diario Perfil"
La serie que se iba a estrenar en América fue pospuesta por presiones al grupo técnico y artístico. Federico Luppi, integrante del elenco, dijo que "el país está en manos de una hegemonía mediática complicada".

Entrevistado por Radio Del Plata, Federico Luppi habló esta mañana sobre la sorpresiva salida de Mike Amigorena de la serie El Pacto. El unitario tenía previsto tomar como punto de partida la apropiación de Papel Prensa a manos de Clarín y La Nación. Luppi reconoció las "presiones" que sufrió su colega para que deje de interpretar ese papel.

"Exactamente qué pasó lo sabe Dios. Estamos haciendo una evaluación" explicó el actor y comenzó a destrabar el conflicto al asumir que "la presión sobre Mike Amigorena empezó en el diario 'Perfil'".

"El país está en manos de una hegemonía mediática complicada. Queda claro cuál es el juego de la hegemonía mediática. Esta es una canallada más del mundo mediático desinformante y destituyente" sentenció.

"Mike grabó ocho capítulos. Ahora hay que rehacer todo" aclaró sobre la suspensión del estreno. Se generó “un trámite mafioso y de vecina de barrio que empiezan con el chiste, el apriete del amigo, de la familia” hacía Amigorena.

"Para un actor es muy difícil porque no sólo te pueden presionar para que hagas una serie, si no que después haces teatro o lo que fuere y te mandan el periodista de turno que te ningunea” finalizó.

Fuente: Diario Registrado