Por Federico Giordano*Prácticamente demolidas en las Primarias sus chances inmediatas de plantearse como alternativa al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, la oposición hace -una vez más,- muestra de una paupérrima iniciativa para recuperar algo de espacio en el escenario político.
¿Qué es la "política"? Vale recordarlo con la ayuda de cualquier manual de secundario: es la búsqueda del "bien común". No, en lugar de eso, de respetar el inapelable pronunciamiento de las mayorías, primero salieron a intentar ensuciar y enrarecer el clima político y social con las denuncias de supuestos "fraudes". Un argumento que fue desvirtuado por la Justicia Electoral rápidamente, ya que se trató de irregularidades de escasísima magnitud en los resultados finales y que perjudicaron a todos los candidatos, incluido al oficialismo. El senador radical Ernesto Sanz no es un hombre de quedarse de brazos cruzados y, "rápido" de reflejos salió a intentar amortiguar la brutal caída de su partido en las urnas con un llamado al.... miedo. Una vez más, como con "las reservas del Central que iban a ser incautadas en el exterior"; o con "el robo de la plata de los jubilados y la quiebra del sistema de pensiones" que implicaría la estatización de las AFJP; o con el "vamos a tener que importar carne y leche" tras la pelea con el campo; o con la "crisis energética que hace varios inviernos siempre está por sumirnos en el apocalipsis"; o con.... Para qué enumerar más profecías no cumplidas. Pero no, hay una nueva. Ahora, el mendocino Sanz salió a alertar sobre un nuevo horror: "el riesgo de hegemonía" que se materializaría si el oficialismo mantiene el 50% de los votos o más en las elecciones de Octubre, lo que resultaría en un número mayor de bancas para los candidatos del Frente para la Victoria en la distribución del Congreso. No es el fin de esta nota repasar algo evidente como el furioso antiperonismo que trasunta este legislador, pero sí llamar la atención sobre cómo abraza enunciados que el filósofo polaco Zygmunt Bauman plasmó en su libro "Miedo Líquido". Bauman, allí, analiza el perverso regodeo que existe en la sociedad moderna por instalar el miedo, por invocar fantasmas y catástrofes, por crispar en el peor de los sentidos a la sociedad con amenazas inminentes y terribles. Entonces Sanz echó a rodar el futuro pavoroso que nos espera a los argentinos bajo el omnipresente signo de "la hegemonía kirchnerista"...
Sonaría a chiste siquiera hablar de esto. Debería llamar a la risa. Pero no, desde OMBU creemos que debemos parar esta pelota y marcar la cancha. Son también otros legisladores como Graciela Camaño, Chiche Duhalde, Francisco De Narváez y hasta el candidato Ricardo Alfonsín los que también vienen instalando este discurso. Ya lo había instalado Elisa Carrió en sus primeros augurios del armagedon inminente, en 2003.
Palabras más o menos, plantean que los votantes deberían recapacitar seriamente su voto del 23 de octubre porque, de confirmar la tendencia que insinuaron con tanta claridad el 14 de agosto, el país podría abismarse a un infierno... hegemónico. ¿porqué? Porque sí. Porque el pensamiento único vale, pareciera, cuando lo detentan ellos. Porque los votos son calificados sólo cuando los votan a ellos. Por que las victorias electorales son motivo de festejos si son de ellos. Por que ahora la gente no entiende que este crecimiento, las paritarias, el consumo, la baja de la pobreza, la mejora del empleo, la apertura de fábricas, el plan conectar igualdad, el desendeudamiento, el permanecer al margen de brutales crisis financieras globales, la asignación universal por hijo, la política de derechos humanos, los frenos a las corporaciones, el poder en manos de un gobierno abocado al "bien común"...
Por eso, mejor corregir el voto. Lo triste de ellos, es que su temor a la "hegemonía" de las mayorías populares no es nueva.
Es muy triste y terrible. El país necesitaría una oposición que esté a la altura de las circunstancias, que nivele hacia arriba, que invoque al futuro, al encuentro, al crecimiento como sociedad... Al bien común. No es democrático ni productivo practicar la oposición dura, es decir oponerse a todo sin importar qué, solo por el hecho de oponerse y obstaculizar cualquier iniciativa del Gobierno. Ese error lo han pagado caro y se reflejó en el resultado de las Primarias. En ese lapso se produjo una de las mayores mermas en el tratamiento de proyectos y sanción de leyes, lo cual fue perjudicial para toda la sociedad, ya que temas de importancia no pudieron ni siquiera tratarse en el recinto.
El no tratamiento del Presupuesto 2011 fue un claro ejemplo, ya que históricamente se ha tratado inclusive en situaciones en las que el gobierno de turno no tiene quórum propio por ser esencial para el funcionamiento de la administración pública y la gobernabilidad. Una oposición responsable no deja sin tratamiento una ley como la del Presupuesto.
Pero de este falso discurso no tenemos que dejar de lado que se trata del clásico “manotazo de ahogado” que intenta parte de la oposición para rasguñar algún puntito más en Octubre luego de la apabullante derrota que sufrieron.
Si en esta próxima elección el oficialismo recibe nuevamente ese caudal de votos, y por consiguiente obtiene más representantes en los cargos legislativos, debemos ser respetuosos y aceptar la voz del pueblo en las urnas, ya que es ese el tesoro más importante de la democracia. Querer torcer la voluntad electoral con este slogan de la hegemonía es un recurso barato e irrespetuoso del pueblo y la democracia.
Le recomendamos a Sanz y a la oposición practicar la autocrítica correspondiente por los errores cometidos- el pueblo ya se los hizo saber- aprender de ellos y trazar una estrategia política opositora respetuosa que debata los temas importantes, que también tome la iniciativa y presente propuestas superadoras, y no sólo obstaculice las presentadas por el Gobierno. Paradójicamente, muchos de estos opositores que hablan de “hegemonía” son los mismos que ponen su imagen y voz para defender en el Congreso y en los medios los intereses de grupos de comunicación precisamente hegemónicos
Si no saben o no conocen el camino, les hacemos una modesta sugerencia. Que miren hacia atrás pero no mucho. Apenas dos años atrás. Tras la crisis con el campo, medios y oposición se regodearon con el revés electoral del kirchnerismo en las elecciones legislativas de aquel año. El gobierno de Cristina Fernández, a mitad de mandato, se quedó sin las mayorías en las cámaras. Los vientos destituyentes arreciaron. Los teóricos del periodismo hablaban de potenciales sucesores. La estrella de Julio Cobos -aunque resultó un agujero negro, para seguir con la metáfora astronómica- brillaba en su cénit. El fallecido Grupo A de legisladores opositores armaron una fiesta en Diputados. Se escuchaban risas que de verdad daban miedo...
¿Qué pasó entonces? Se logró la Ley de Medios, se mantuvieron las retenciones al agro, se legislaron los aumentos bianuales para los jubilados, se sacó la asignación universal por hijo, se habilitó la política de desendeudamiento con reservas y se reemplazó al presidente del BCRA al no querer llevar adelante éste la política monetaria y económica del gobierno, se impulsó la reforma política, se sancionó la ley de matrimonio igualitario... No hizo falta apelar al miedo. Sencillamente, se hizo política. Se negoció, se persuadió y se gestionó con un único objetivo: el bien común. ¿Vale de ejemplo?
En agosto la gente lo entendió así y votó en consecuencia. Por favor, no invoquemos más fantasmas. Los mejores días todavía están por venir.
*Federico Giordano es dirigente de Agrupación OMBU - Organización Militante y Barrial Universitaria
Fuente: Diario Registrado