sábado, 9 de junio de 2012

Semana de locos

“Es real que Argentina tiene un contexto de crisis mundial y que un paso en falso la puede llevar al desastre. Es un hecho que los índices de crecimiento de la economía irán bajando. Pero como la economía venía creciendo con índices muy elevados, tiene un margen de retracción que no produce grandes daños. En ese sentido, tanto la oposición como el oficialismo tienen que cuidar cada paso porque la crisis no haría diferencia entre unos y otros”, plantea Luis Bruschtein en esta nota.
Leemos hoy:

” (…) Estos grupos de derecha llegaron el jueves a la Plaza de Mayo a protestar contra el “autoritarismo” y la “dictadura K”, sin que nadie los reprimiera ni obstaculizara. Al día siguiente, el viernes, la Corriente Clasista y Combativa, Barrios de Pie, el MST, el PO y la CTA opositora ocuparon apenas un cuarto de la Plaza después de realizar numerosos cortes de calle que embrollaron el tránsito en la Capital. El titular de la CGT, Hugo Moyano, se solidarizó con ellos y su hijo Pablo anunció que los camioneros realizarán paros sorpresivos. Y todo eso en el contexto de una protesta rural que los grandes medios se esforzaban inútilmente por amplificar. La ciudad trató otra vez de ser eco del campo.

Se representó así en los medios un clima social de malhumor y descontento por causas difusas, difíciles de identificar, como si excediera cada reclamo puntual. Y por esa cualidad tan inasible estuvo mejor representado por los grupitos más recalcitrantes que se movilizaron el jueves. Cuando se les preguntaba la razón de su protesta, las respuestas eran variadas, desde el “autoritarismo K”, hasta la “corrupción K” o “la falta de libertades en todos los niveles” y a alguno se le escapó lo del dólar.

En realidad, más allá de la discusión de paritarias con sus tire y afloje normales, no hubo un cambio notable en la política ni en la economía que explicara ese repentino mal humor que trascendió a través de los grandes medios. El único hecho puntual fueron los controles al cambio de moneda, una medida que en realidad afecta a una porción si se quiere bastante reducida de la población –no más del diez por ciento– pero que está fuertemente implantada en el imaginario del terror en esta sociedad. A ese diez por ciento se sumaron los que hacen negocios con el cambio, más los grandes medios enfrentados con el Gobierno que aprovecharon para hacer terrorismo hurgando en esos temidos recuerdos de corralitos y devaluaciones. De esa manera, en una sociedad que viene sorteando sin sufrimiento una crisis mundial inédita aparecieron espejismos de caos económico y de curva social descendente que no ocurren en la realidad.

No es la primera vez que un tema que afecta a un sector muy acotado, impacta en la sociedad de una manera tan amplificada. A medida que fueron pasando los días, las medidas que al principio generaron todo tipo de incongruencias y además no fueron claramente explicadas, se fueron racionalizando y los temores de devaluación o corralito se fueron despejando. Queda por resolver la forma en que se concretarán las operaciones inmobiliarias. Si se resuelve este punto, el Gobierno habrá avanzado en normalizar una situación que solamente se da en Argentina, el país que tiene más dólares per cápita después de los Estados Unidos, en un contexto mundial en el que todos tratan de desprenderse de los dólares. De esta manera, una medida que inicialmente tuvo resonancias antipáticas terminaría generando consecuencias positivas pese a rozar el riesgo de un alto costo político.

(…)

Es real que Argentina tiene un contexto de crisis mundial y que un paso en falso la puede llevar al desastre. Es un hecho que los índices de crecimiento de la economía irán bajando. Pero como la economía venía creciendo con índices muy elevados, tiene un margen de retracción que no produce grandes daños. En ese sentido, tanto la oposición como el oficialismo tienen que cuidar cada paso porque la crisis no haría diferencia entre unos y otros.

Cuando se propaga un clima de malhumor sin que haya grandes causas del tipo de despidos masivos o grandes devaluaciones u otras catástrofes de ese tipo, se está convocando a que sucedan. Se trata de un hilo delgado que, en el contexto de esta crisis, se puede tensar hasta un punto, pero después se corta. Oficialismo y oposición tienen que reflexionar hasta dónde van a tirar del hilito.
Lo real, en todo caso, es que los públicos movilizados en las protestas durante la semana fueron bastante reducidos en relación con el clima que generaron. Las protestas de la derecha del jueves y de un sector de la izquierda el viernes no fueron relevantes. El lockout rural ni siquiera rozó el impulso que tuvo el conflicto por la 125 y hasta produjo cierto malestar en algunos productores. De todos modos, no deja de sorprender la rapidez con que se pueden escalar y extender estos climas de malhumor donde se entremezclan izquierdas y derechas y a los que a veces también ayuda el oficialismo con información contradictoria. Son malabares al borde del precipicio.

Ese fondo de cocción del malhumor de estos días que había sido el tema dólar prácticamente había desaparecido al finalizar una semana de protestas que sin ese trasfondo no hubieran tenido mayor trascendencia.
En contraste con ese estado forzado de desgracia, el anuncio del plan estratégico de YPF tuvo la solidez de las políticas de Estado. Pensar en el corto, el mediano y largo plazo en términos de estrategias energéticas soberanas le puso a la semana política un sello de mayor densidad. Hay políticas de Estado cuando un gobierno acepta poner el grueso del costo económico sabiendo que el grueso de los beneficios se verificará recién en cuatro o cinco años, o sea cuando ya no esté el gobierno que está haciendo el esfuerzo. Una YPF activa con control estatal será una herramienta decisiva para los gobiernos futuros que podrán establecer pautas de actividad sin depender del exterior para proveerse de energía”.
(leer completa la nota de Luis Bruschtein haciendo click acá)
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-196016-2012-06-09.html

Fuente: El ojo con dientes