miércoles, 7 de agosto de 2013

Una catástrofe demasiado cercana

Las tragedias suelen ocurrir en otras ciudades, en otros países y a veces pareciera que hasta en otros mundos. Las vemos como una cuestión lejana, ajena, imposible para nosotros. No imaginamos que una mañana cualquiera, a la hora menos pensada, nos estallará en la cara. Nos ocurrió ayer y nos dolerá por mucho tiempo.

Desde que escuchamos la explosión, a las 9.40, muchos intuimos que podría tratarse de algo grave, pero lo que vimos y escuchamos a lo largo del día es de una magnitud que jamás proyectamos, excepto tal vez quienes lo padecieron en carne propia.

Una cosa es conmoverse, por ejemplo, con un accidente de tren en Once que segó 51 vidas. Aquella tragedia no ocurrió en otro mundo, ni siquiera en otro país, pero aun así la percibimos como algo remoto. Había golpeado a otros, no a nosotros.

Cuando los muertos, los heridos, los desaparecidos y los familiares son amigos, vecinos o aunque más no sea conocidos de nuestros conocidos, la dimensión del desastre adquiere otras proporciones. Recién entonces comprendemos qué tan devastadora puede resultar la tragedia. Para todos, incluso para quienes no perdimos a nadie bajo los escombros de un edificio que ya no existe.

Ayer vimos escenas desgarradoras y escuchamos testimonios conmovedores, nos preocupamos por familiares o amigos, sentimos cómo se nos erizaba la piel con las sirenas de los bomberos y las ambulancias, respiramos humo y polvillo. Todo parecía parte de una película de terror o de un reporte periodístico de guerra, pero había sucedido acá y los muertos y heridos eran nuestros, igual que los bomberos que los rescataban, los médicos y los enfermeros que los curaban, y los vecinos —tan solidarios como intrépidos— que se ponían en riesgo para ayudar a los lesionados.

"Qué horrible es todo esto. La cercanía de la tragedia es absolutamente conmocionante", escribió en su cuenta de Twitter el periodista Damián Schwarzstein. Muchos lo sentimos como él. La tragedia esta vez había golpeado acá a la vuelta.

Fuente: Diario La Capital