La Lealtad asociada al 17 de octubre de 1945 constituye ahora y siempre la gesta de los trabajadores y de todo el pueblo en general. Frente al egoísmo, al orgullo, la ambición, la corrupción y la superficialidad de los grupos dominantes, el pueblo reaccionó en defensa de sus derechos y de aquél que se los garantizaría.Pero para comprender mejor el significado de esta hazaña es menester recordar o conocer cual fue el factor desencadenante, o mejor dicho, cual había sido la situación política de la década anterior a ese glorioso día que recordamos.
Desde la caída de Hipólito Yrigoyen en 1930, los gobiernos de la concordancia (conservadores y radicales antipersonalistas) se transformaron en los súbditos más leales a la corona británica, haciendo su vínculo no sólo en forma desembozada, sino que constituía motivo de orgullo. Durante esa década disminuyeron las exportaciones, muchos productores rurales quebraron, el Estado recaudaba cada vez menos y se producían despidos de trabajadores estatales y privados que acrecentaban la desocupación. Por otra parte los reclamos de los trabajadores eran postergados en beneficio de los sectores terratenientes e industriales. La desocupación y los magros salarios azotaban al grueso de la población, favoreciendo arbitrarias e injustas condiciones de vida a los niveles de bajos ingresos. La distribución inmoral de la riqueza afectaba a los trabajadores y a la clase media, favoreciendo la concentración del capital en muy pocas manos.
A los gobernantes de entonces no les importaba o ignoraban que “todo atropello a la dignidad del hombre es atropello al mismo Dios, de quién es imagen”.(Puebla 306).
Se vivía permanentemente el menosprecio y el ultraje a los derechos inalienables del pueblo. Toda virtud era objeto de burla y desprecio por la oligarquía. Para ella, lo importante era cumplir los mandatos de la corona británica y llenarse los bolsillos. No cabía en ellos aquel apotegma que decía: “si tienes más de lo que necesitas para vestir y alimentarte, distribúyelo a los que no tienen y reconoce que les eres deudor de ello”.(San Ambrosio).
El creciente descontento encontró eco, dentro del ejército, en el GOU, un grupo de coroneles que llega al poder con la revolución del 4 de junio de 1943.
Perón es nombrado Secretario del Ministerio de Guerra y más adelante Secretario del Departamento de Trabajo. Cuando el 25 de febrero de 1944 asume la presidencia el Gral. Edelmiro J. Farrell, el entonces Coronel Perón queda interinamente a cargo del Ministerio de Guerra y casi inmediatamente después es designado Vicepresidente.
Desde la Secretaría de Trabajo, Perón desarrolla una labor sorprendente, sólo parangonable con el cariño que despierta en los trabajadores y con el recelo que genera en sus opositores.
La oposición comienza a movilizarse a través de dirigentes políticos de una variada gama que va desde el conservadorismo hasta el comunismo. Los generales Rawson y Ramirez intentan desde Córdoba un golpe de Estado que es sofocado. Oficiales de Campo de Mayo entrevistan al Dr. Juan Hortencio Quijano (radical Yrigoyenista), Ministro del Interior y le exigen la renuncia de Perón.
Veamos lo que ocurrió:
Martes 9 de octubre de 1945: El gobierno convoca a elecciones presidenciales y legislativas para el 7 de abril de 1946.-
18 horas: El gobierno difunde la noticia que el coronel Juan Domingo Perón dimitió de todos sus cargos públicos “para cumplir con su palabra empeñada, de renunciar apenas conociera la fecha de las elecciones”. Entre policías y trabajadores que vitorean a Perón, se produce un tiroteo en las inmediaciones de la Secretaría de Trabajo y Previsión donde resultan varios trabajadores heridos. Se aplica la censura a los diarios. La oposición expresa su júbilo.
Miércoles 10: Perón se despide de sus colaboradores y miles de trabajadores se reúnen para pedirle que se quede. Por la noche el gobierno anuncia que aceptó la renuncia.
Jueves 11: Los diarios no salen. Asume el Ministerio de Guerra el Gral. Ávalos. Se rumorea sobre la dimisión de todo el gabinete. Tres Jefes del Ejército y tres de la Marina se entrevistan con Ávalos, presumiblemente para pedirle que entregue el gobierno a la Corte Suprema. A medianoche se anuncia oficialmente la convocatoria a elecciones.
Viernes 12: El gobierne cede paulatinamente ante la oposición. Se realizan conciliábulos para reemplazar al gabinete.
14 horas: Mediante un parte se informa que “los ministros han renunciado”. La oposición a través de la Junta de Cordinación Democrática organiza una concentración en Plaza San Martín. Los asistentes comen servidos por sus criados, lo que dió lugar a que se le denominara “el picnic de la Plaza San Martín” en contraste a lo que días después la actitud de los obreros que, cansados y sudorosos mojaron sus pies en las fuentes de Plaza de Mayo, se conoció como “las patas de la fuente”.
En el Círculo Militar ubicado frente a la Plaza San Martín deliberan jefes del ejército y la marina con civiles como Américo Ghioldi, Alfredo Palacios, Ernesto Sanmartino, Bernardo Houssay, Pedro Ledesma, Diógenes Taboada, Eugenio Blanco, José María Paz Anchorena, Carlos Sanchez, Carlos Alberto Acevedo, José María Cantilo y otros. Uno tras otro se hacen presentes en los balcones para hablar ante el público. El Almirante Vernengo Lima, Ministro de Marina señala que el gabinete ha renunciado y que “nuestro país tiene en estos momentos la gran tabla de salvación, que es la Corte Suprema”. Por la tarde se produce un saldo de varios heridos peronistas que manifestaban pidiendo el regreso de Perón. Trasciende que Perón enfermo y Evita, abandonaron su domicilio de la calle Posadas y se trasladaron al recreo “Tres Bocas”, en el Tigre.
Sábado 13: En horas de la mañana oficiales de la Marina lo obligan, a pesar de encontrarse con un problema de pleura, a abandonar su casa y lo trasladan a la cañonera “Independencia” en la que es transportado a la Isla Martín García. Evita comienza a luchar por su liberación.
Domingo 14: El Gral. Ávalos asume los ministerios de Interior y Hacienda y Vernengo Lima los ministerios de Relaciones Exteriores y de Justicia e Instrucción Pública. La oposición festeja su triunfo, pero crece el descontento popular.
Lunes 15: Los políticos piden que el gobierno sea entregado a la Corte Suprema. Corre la versión de que Perón será trasladado de la Isla Martín García al Hospital Militar. El Ministro de Guerra manifiesta que Perón no está detenido.
Martes 16: Perón pide mediante nota que se aclare su situación. Como respuesta le envían dos médicos y un teniente de navío. En Campo de Mayo se encuentra detenido Domingo Mercante. Empiezan los primeros síntomas de debilidad del gobierno con el anuncio de Ávalos de que Perón no será procesado, pero ya los obreros, especialmente de los frigoríficos, comienzan a abandonar las empresas. La CGT resuelve declarar la “huelga general revolucionaria” por 48 horas en todo el país, pero desde el jueves 18. “Queremos a Perón” es el grito de los trabajadores en la calles.
Miércoles 17: Es un día primaveral. La temperatura oscila entre los 13° y 25° C.
3.30 horas: El Presidente Farrell, dispone que Perón sea trasladado al Hospital Militar, pese a la oposición de Ávalos.
7.00 horas: Los primeros obreros llegan a Plaza de Mayo. Se levantan los puentes sobre el Riachuelo. El puente ferroviario es fijo y no lo pueden levantar y por él llega el grueso de los manifestantes del sur.
11.00 horas: Hay alrededor de 10.000 personas frente a la Casa Rosada.
12.00 horas: Se informa que a pedido del interesado se le ha otorgado el retiro al Coronel Perón.
13.00 horas: La cúpula de la CGT encabezada por el dirigente Silvio Portieri anuncia al Presidente Farrell la huelga general por 48 horas para el 18 de octubre y expresan los siguientes motivos: a) Contra la entrega del gobierno a la Corte; b) Formación de un gobierno que garantice la democracia y la libertad; c) Llamado a elecciones libres, mantenimiento y ampliación de las conquistas sociales, aumento de salarios, cumplimiento integral del Estatuto del Peón (Instituido por Perón) y reparto de la tierra entre quienes la trabajan. Manifestantes que se enteran que Perón está en el Hospital Militar, marchan al lugar.
14.00 horas: La multitud pide ver a Perón y este recibe a una delegación encabezada por un sacerdote. Les promete que seguirá luchando y les pide calma y firmeza. Muchos policías se vuelcan a favor de los trabajadores.
16.00 horas: La Plaza de Mayo está repleta. Se calcula alrededor de un millón de personas.
16.15 horas: El Ministro Ávalos intenta hablar desde los balcones pero es recibido con una ensordecedora silbatina.
17.00 horas: Avalos y dirigentes gremiales anuncian desde los balcones que Perón está libre. La multitud exige verlo.
18.00 horas: Ávalos intenta nuevamente hablar, pero el pueblo allí reunido ovaciona a Mercante que en esos momentos es visto en otro balcón. A través de un amplificador, Mercante dice: “El Coronel Perón me ha encargado que les pida que tengan calma. Les anuncio que dentro de unos minutos Ávalos hablará con Perón.
19.45 horas: Un delegación de 20 obreros emplazan al gobierno para que en media hora aparezca Perón en los balcones, caso contrario invadirán el edificio.
20.10 horas: Enardecida la multitud arremete contra el edificio, pero por un parlante se anuncia que Perón hablará a las 21 horas. El pueblo grita “¡Ahora, ahora!”. Perón ya está en la Casa Rosada. Ávalos le pide que hable, pero que no mencione que estuvo detenido. Perón accede.
23.00 horas: Perón se aproxima al balcón y saluda con los brazos en alto con su conocida sonrisa. Lo hace durante 15 minutos que duran los aplausos y vítores.
Ese fue su primer discurso en la Plaza de Mayo y ese día quedó grabado como símbolo de la lealtad.
Veamos que dice Perón y la Iglesia sobre la lealtad y la fidelidad:
“De acuerdo con el concepto clásico, significa cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y del honor”. “Cada hombre necesita confiar en la lealtad del que está al lado; cada Pueblo necesita confiar en otro Pueblo y en su Conductor, así como para este es indispensable poder entregarse ciegamente a sus hombres y a su Pueblo”. “La lealtad es la base de la acción; lealtad del que dirige, lealtad del grupo hacia sus dirigentes. La lealtad no puede ser nunca condición a una sola punta”. (Juan D. Perón, julio 24 de 1947).
“Señor, siempre diré en mi canto que tú eres bondadoso. Constantemente contaré que tú eres leal. Proclamaré que tu amor es eterno y que tu lealtad es invariable, invariable como el mismo cielo”. (Salmo 89, 1-2).
La fidelidad es uno de los frutos del Espíritu Santo. “...lo que el Espíritu produce es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, lealtad, humildad y dominio propio” (Gálatas 5, 22-23) y existen muchos más para quienes son fieles y dóciles a su acción santificadora.
“El mal de los Pueblos no está a menudo en la falta de capacidad de sus gobernantes, sino en la ausencia de virtudes de sus hombres”. (Juan D. Perón, setiembre 9 de 1944).
Como aquél 17 de octubre de 1945, si hoy queremos un Pueblo feliz y una Patria grande, desterremos los vicios y construyamos sobre la base de las virtudes fundamentales que son: humildad, dignidad, modestia, sinceridad, generosidad, desinterés, solidaridad y lealtad.
Por Juan Antonio Martinez (juanmartinez@fibertel.com.ar)
Fuente: www.lucheyvuelve.com.ar