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sábado, 17 de octubre de 2015

70 años 17

Cuando se cumplieron 10 años del 17 de octubre del 45' el peronismo no estaba con ánimos de celebración: Perón había sido derrocado, el revanchismo gorila se desplegaba con toda ferocidad y el movimiento popular enfrentaba el exilio de su líder, y el oprobio de la proscripción.

Se suponía por entonces que el peronismo era el simple emergente de una coyuntura propicia y del usufructuo de los resortes del poder del Estado: pasada la primera e indisponibles los segundos, tendería a desaparecer, más temprano que tarde; y su electorado sería absorbido por los "partidos democráticos". Curiosamente -o no tanto- lo mismo que se dice y se espera hoy del kirchnerismo.

Para los 20 años de aquél 17, ya el vaticinio gorila se rebelaba fallido porque el peronismo persistía, y la obcecación de negarle el elemental derecho a la participación democrática genera un cuadro de inestabilidad política permanente en el país.

10 años después y a 30 de aquél día del 45, todo se había precipitado velozmente: Perón regresó al país para ver estallar la puja interna y morir, y el país ingresaba en el tramo más oscuro de su historia: estaba próximo el ultimátum de Videla que preanunciaba el golpe del 24 de marzo.

Con la dinámica impiadosa de la historia, los 40 años del 17 original encontraban al país en el auge de la primavera alfonsinista, y al peronismo intentando salir de la post dictadura y su primera derrota electoral en comicios libres y sin proscripciones: la por entonces esperanzadora renovación terminaría luego reducida a un simple planteo de democracia partiaria interna, y muchos de sus dirigentes pasando en lugares destacados al menemismno.

Menemismo dijimos: el medio siglo de aquélla jornada histórica transcurrió nada menos que tras la ratificación electoral -por la mayoría del pueblo argentino, a no olvidarlo- de un proyecto político que significó ni más ni menos que el intento concienzudo y planificado de desmantelar la Argentina de Perón, completando lo que al respecto hizo la dictadura.

Un proyecto que terminó armando la bomba política, social y económica que estallaría en el 2001, generando la mayor crisis institucional de nuestra historia democrática, salvados los golpes militares.

Marcando un quiebre con esa continuidad de hitos dolorosos, el kirchnerismo (principal emergente político de esa crisis) pudo conmemorar en el 2005 los 60 años de aquél 17 habiendo reconciliado a la gente con la política, y al peronismo con sus mejores tradiciones políticas: estaban relanzados por los juicios por la verdad, la memoria y la justicia, restablecidas las paritarias y el Consejo del Salario, se había manifestado el rechazo al ALCA y el país se aprestaba a cancelar su deuda con el FMI; clausurando así el capítulo de su ingerencia en nuestras políticas económicas y sociales. 

Hoy al cumplirse los 70 años de ese hecho que partió en dos la historia argentina moderna y cuya trascendencia no ha sido aun superada por acontecimiento alguno, el país y el peronismo enfrentan la encrucijada de una elección clave para su futuro; en la que la disyuntiva central sigue siendo la misma que en 1945.

Los que entonces hubieran celebrado el desplazamiento de Perón y calificado despectivamente la movilización popular, hoy tratan de darse un baño de peronismo inaugurando estatuas, mientras le niegan racionalidad política al pueblo para elegir su propio destino -tal como se lo negaron entonces a las masas que cruzaron el Riachuelo y remojaron sus patas en las fuentes de la plaza-, con la excusa del "clientelismo".

Lo que demuestra que bajo la supuesta reivindicación de la tradición política del peronismo y a poco que se los raspe, subyace la perimida teorización de Germani; que lamentaba que el pasaje de las masas a la plenitud de la participación política no se hubiese hecho "a través del método democrático racional", sino por la mediación populista de un líder carismático.

Pero aunque la evocación del 17 de octubre trasciende al peronismo y pertenece ya a la rica trayectoria del campo nacional y popular en la Argentina, es el peronismo como principal expresión política de ese campo (por propia decisión de las mayorías nacionales, sostenida en el tiempo, en diferentes circunstancias y condiciones) el que tiene la mayor responsabilidad de administrar ese legado histórico; siendo fiel al compromiso con los sectores populares. 

Cuando se abren discusiones al interior del peronismo por la transición del gobierno de Cristina a uno eventual de Daniel Scioli en caso de ganar las elecciones, y no son pocos los que temen un nuevo "cambio de piel" pragmático de parte de la dirigencia del PJ para adaptarse a una coyuntura política más compleja y con grandes desafíos, es oportuno recordar el auténtico significado histórico del 17 de octubre de 1945.

El "Día de la Lealtad" que conmemoramos hoy es en rigor (y así fue bautizado entonces) el día de la lealtad popular; pues conmemora la fidelidad de un pueblo que se jugó por un líder que se había jugado antes por ellos, reconociéndoles dignidad y derechos.

Razón por la cual para el pueblo peronista ser leal no es acompañar a un dirigente en cualquier circunstancia, sino -como lo hicieron los "cabecitas negras" en aquélla jornada inolvidable- en tanto y en cuanto esos dirigentes no se apartan de un camino que los 70 años transcurridos desde el 45' se encargaron de ir poniendo cada vez más claro.

No hay en esa relación nada mágico, irracional o misterioso como viene pretendiendo desde hace 70 años el gorilaje, sino un profundo acto de sabiduría política, de plena raigambre democrática: las mayorías populares acompañan a quienes velan por sus auténticos intereses. 

Feliz Día de la Lealtad Popular para todos y todas.

Fuente: Nestornautas

miércoles, 16 de septiembre de 2015

60 años de la fusiladora

Se cumplen hoy 60 años del golpe militar que derrocara a Perón, poniendo fin por las armas al más profundo proceso de transformaciones políticas, económicas y sociales que conociera el país hasta entonces; y en muchos aspectos, incluso hasta hoy.

Con el golpe del 55' se iniciaba un largo proceso de retroceso, y el vano intento de volver al país a los estrechos marcos de la economía pastoril, mientras se intentaba tapar el cielo con la mano y "desperonizar" por decreto a la sociedad argentina, buscando borrar diez años de historia de la memoria colectiva.

Un proceso que profundizaría muchos más y con mayores niveles de crueldad aun -algo que por los años de la Fusiladora parecía inimaginable- la dictadura militar inaugurada el 24 de marzo de 1976; el intento más serio y organizado de moldear definitivamente una Argentina post peronista.

La dictadura militar que derrocó a Perón -respondiendo con precisión al plan trazado por los verdaderos mandantes de los centuriones gorilas- arbitraba la  entrada del país al FMI, la desnacionalización de la banca y del comercio exterior (disolviendo el IAPI), la restricción y pérdida de derechos laborales y la apertura indiscriminada de la economía a la penetración del capital extranjero.

Las mentidas promesas de devolver libertades conculadas por el peronismo mostraría a poco de andar el gobierno su verdadero rostro; y mientras las clases medias podían disfrutar de la recuperación de la autonomía universitaria o el fin del luto obligatorio, los trabajadores veían suspendidas las paritarias, intervenidas sus organizaciones sindicales y propscripto al partido político a través del cual se expresaban en las urnas. 

Tanto como la consigna de "vencedores ni vencidos" quedaría desmentida a poco de instaurada en el poder la camarilla aramburu-rojista, que se ocuparía de mostrar claramente en los fusilamientos de junio del 56' que había vencidos, y que para ellos habría de tronar el escarmiento.  

Una ficción democrática que se prolongaría en los gobiernos de Frondizi e Illía, no sin antes haberse llevado puesta por un bando castrense la reforma constitucional de 1949, y emprender una reforma de la Carta Magna sin la legitimidad de la libre expresión de las mayorías nacionales; algo que pareció no preocupar demasiado -ni entonces ni hoy- a los defensores de las instituciones de la república.

Cuando se describe lo que significó la Libertadora como programa político y económico, y los sectores sociales que la apoyaron sorprende -a 60 años de distancia-, la escalofriante similitud con el núcleo duro de la propuesta de la oposición que -hoy por hoy- está en condiciones de disputarle al FPV el gobierno del país en las elecciones de octubre.

Muchas veces hemos dicho aquí que el modo en el que excita la persistencia del odio gorila, clausura toda posible discusión acerca de si el kirchnerismo es o no peronismo: así como el peronismo ha sido definido como una obstinación argentina, el gorilismo es su contracara; una persistencia que se sostiene viva al sólo efecto de negarlo y combatirlo. 

La diferencia es que mientras el peronismo subsiste como identidad y tradición política convocante  y representativa para millones de argentinos porque expresa un programa político, social y económico esperanzador, y aun pendiente de ejecución integral, los gorilas se perpetúan al solo efecto de impedirle que lo haga, y echarla la culpa de todos los males que aquejan, aquejaron y aquejarán al país.

Ahí anda por allí el experto en globalización Fernando Iglesias tratando de desempolvar -en su inimitable estilo- la vieja tesis gorila que finca en el surgimiento del peronismo (próximo a cumplir 70 años el próximo 17 de octubre) el origen de la decadencia argentina.

A 60 años del levantamiento armado contra el gobierno constitucional de Perón, es posible rastrear hoy el mismo odio y la misma definición política por la negativa; que no es sino una expresión de impotencia política que está en la génesis de las dificultades de la oposición para conformar una alternativa competitiva al kirchnerismo en términos electorales: representan (o aspiran a representar) a sectores que tienen muy en claro lo que no quieren (el peronismo), pero no tanto lo que quieren.

Sectores que cuestionan hoy del gobierno lo mismo que los "libertadores" le cuestionaban a Perón (la corrupción y el autoritarismo), como atajos cómodos para encubrir que lo que en realidad molestaba y molesta del peronismo, es que amplía derechos, ensancha los límites de la democracia incluyendo a las grandes mayorías en sus márgenes efectivos, y disputa -desde la política- poder y renta con los verdaderos dueños del país.

Cuando en los 90' desde un gobierno peronista y en nombre del peronismo se aplicaron en el país políticas que significaban la negación y la destrucción sistemática y planificada del modelo de país que legara Perón, no les molestó la corrupción ni la grasada, ni el plebeyismo peronista; y por el contrario, les parecieron divertimentos anexos a la satisfacción de ver cumplidos muchos de sus sueños húmedos del 55' en adelante.

Transcurrimos los días finales de una campaña electoral fuertemente cruzada por el eje peronismo-antiperonismo (más por decisión de la oposición que del propio oficialismo), en la que el "círculo rojo" tratará hasta el final (si hubiera balotaje) de alentar la formación de una Unión Democrática -aquél experimento protogorila para frenar al peronismo en sus orígenes- que le cierre el paso a la bestia populista.

Y una campaña en que -ausente de la disputa política el actor militar- cada vez les cuesta más a algunos disimular desde el lugar de la corrección política que propician "Libertadoras" mediáticas, judiciales y económicas; y que si pudieran repetir aquel septiembre del 55', lo volverían a hacer.

Fuente: Nestornautas

miércoles, 3 de junio de 2015

Manuel Belgrano

El 3 de junio de 1770 nació este intelectual, economista, periodista, político, abogado y militar. Participó en las Invasiones Inglesas, en la Revolución de Mayo, en la Guerra de Independencia y en las guerras civiles argentinas.

Manuel Belgrano nació en Buenos Aires el 3 de junio de 1770. Estudió en el Colegio de San Carlos y luego en la Universidades de Salamanca y Valladolid (España). En 1793 Belgrano se recibió de abogado y en 1794, ya en Buenos Aires, asumió a los 23 años como primer secretario del Consulado.

Desde el consulado se propuso fomentar la educación y capacitar a la gente para que aprendiera oficios y pudiera aplicarlos en beneficio del país. Creó escuelas de Dibujo, de Matemáticas y Náutica. En 1806 durante las invasiones inglesas, se incorporó a las milicias criollas para defender la ciudad. A partir de entonces, compartirá su pasión por la política y la economía con una carrera militar que no lo entusiasmaba demasiado. Pensaba que podía ser más útil aplicando sus amplios conocimientos económicos y políticos.

Cumplió un rol protagónico en la Revolución de Mayo y fue nombrado vocal. Se le encomendó la expedición al Paraguay. En su transcurso creó la bandera el 27 de febrero de 1812. En el Norte encabezó el heroico éxodo del pueblo jujeño y logró las grandes victorias de Tucumán (24-9-1812) y Salta (20-2-1813). Luego vendrán las derrotas de Vilcapugio (1-10-1813) y Ayohuma (14-11-1813) y su retiro del Ejército del Norte. En 1816 participará activamente en el Congreso de Tucumán.

Como premio por los triunfos de Tucumán y Salta, la Asamblea del Año XIII le otorgó a Belgrano 40.000 pesos oro. Don Manuel lo destinará a la construcción de cuatro escuelas públicas ubicadas en Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero. Pero lamentablemente, el dinero donado por Belgrano fue destinado por el Triunvirato y los gobiernos sucesivos a otras cosas y las escuelas nunca se construyeron.

Belgrano murió en la pobreza total el 20 de junio de 1820 en una Buenos Aires asolada por la guerra civil que llegó a tener ese día tres gobernadores distintos. Sólo un diario, El Despertador Teofilantrópico se ocupó de la muerte de Belgrano. Para los demás no fue noticia.

Fuente: Nuestra Aldea

martes, 24 de marzo de 2015

24 de marzo

Por Osvaldo Soriano 

Recuerdo aquel día del golpe de Estado que me tocó vivir desde Bruselas: el noticiero de la televisión belga mostraba tipos bigotudos, ceñudos y entorchados que parecían la caricatura de una irrecuperable republiqueta bananera. Esa mañana que supe que había perdido la Argentina de mi infancia, la de mi escuela y mi primer trabajo. Perdía, como millones de compatriotas, cosas íntimas e intransferibles; dejaba atrás una manera de explicarme la vida, los fundamentos sobre los que había construido mi propio imaginario. Tenía treinta y tres años recién cumplidos. Luego maduré boxeando contra la sombra de la dictadura, lejos, sin pensar mucho en mí, contando muertos, atragantado por nuevos rencores. Fui, con las Madres de Plaza de Mayo, con Cortázar, Osvaldo Bayer, David Viñas, con miles de otros mejores que yo, uno más de lo que los militares llamaban "campaña antiargentina". Ese es uno de mis más íntimos orgullos. 

La dictadura ha significado, para mí, el mal absoluto. No me salen matices para explicarla. Quiero decir, asimilo a aquellos militares con el régimen nazi y eso me impide comprender las razones de los que trabajaron de cerca o de lejos para ella, de los que colaboraron e incluso de quienes fueron actores pasivos pero conscientes. No les creo una palabra a los que dicen aún hoy "yo no sabía lo que pasaba". Me es imposible perdonar aquel "por algo será", el "somos derechos y humanos". Me siguen pareciendo inexcusables las conversaciones y los toqueteos con el poder. Los almuerzos de intelectuales con Videla. La estrategia de la reverencia, el codazo y la palmada. Era mejor estar equivocado contra la dictadura que tener razón obedeciéndola.

Nosotros, los de antes, ya no somos los mismos. Miramos con recelo, intentamos entender este fin de siglo, pero nada podrá hacernos olvidar, perdonar. Me acuerdo bien: volví por unos días a Buenos Aires, estaba viviendo en casa de Tito Cossa y Marta Degrazia, nos acogía Rafael Perrota en el viejo diario El Cronista, que había sido más o menos socializado y en esos días secuestraron a Haroldo Conti, el autor de Sudeste, una de las grandes novelas argentinas. Me viene a la memoria la cara de Videla, aplaudido en cines y estadios. La pesada ausencia de Conti, de Paco Urondo, Vicky Walsh, caída en combate pocos meses antes que su padre. Yo estaba vagamente enamorado de Vicky aunque ella no lo supiera.

De modo que no puedo escribir sin odio. Mataron a treinta mil jóvenes y a algunos viejos, guerrilleros o no. Destruyeron la educación, los sindicatos combativos, la cultura, la salud, la ciencia, la conciencia. Desterraron la solidaridad, el barrio, la noche populosa. Prohibieron a Einstein y a Gardel. Abrieron autopistas y llenaron de cadáveres los cimientos del país; dejaron una sociedad calada por el terror que en estos días asoma en el juicio de Catamarca. Somos al mismo tiempo el testigo que se desdice y la valiente monja Pelloni. Somos el juez iracundo, el abogado gordo y el tipo al que retaron por estar con las manos en los bolsillos. ¿Acaso no fue la dictadura, su largo brazo estirado a través del tiempo, la que mató a María Soledad? ¿No es el Proceso que sigue asesinando pibes, asustando, castrando por procuración?

En esos años vergonzosos se impusieron los valores del éxito a cualquier costo por sobre la idea de felicidad compartida. El plan de aniquilamiento desató por su propia lógica una guerra a la vez humillante y absurda. Eso dejaron. Un escenario vacío y oscuro que había que tomar en silencio. No quedaban civiles armados en 1983; sólo conciencias heridas y una pena infinita. Lo curioso para quien volvía del extranjero era que la gente había enterrado definitivamente a Perón, se inclinaba por un abogado de Chascomús que antes le había propuesto a Videla un pacto cívico-militar y después impulsó un acuerdo radical-menemista. 

Lo que pasó en las almas de los argentinos entre 1976 y 1983 es todavía un enigma. Los veinte años que hemos vivido después fueron una sucesión de avances y retrocesos, de incógnitas abiertas. Sé que hay mil hipótesis y las he escuchado todas. ¿Fue cielo alguna vez la tierra que se convirtió en infierno? No lo sé, los abuelos de nuestros padres decían que sí. Sin embargo no hay razón para creer en viejas fábulas. Hoy tenemos otras. Cuentos de príncipes y cenicientas, héroes con amnesia, sobrevivientes perplejos, chicos que no se rinden. ¿Por qué habrían de hacerlo si lo que está en juego es su futuro? Acaso a ellos les espera una gran aventura republicana, pacífica y fraternal. No se trata de una nueva ideología. Ni siquiera de cambiar la historia. Simplemente decirle no al olvido y levantar las viejas banderas de Mayo, las que alguna vez hicieron de este país una Nación rebelde y orgullosa.

Fuente: Página 12 (24 de marzo de 1996)

viernes, 17 de octubre de 2014

Discurso de Juan Domingo Perón en el Día de la Lealtad - Plaza de Mayo (1952)

Compañeros: 

Yo deseo que mis primeras palabras sean para rendirle, desde lo más profundo de nuestros corazones, un homenaje sincero y argentino al excelentísimo señor presidente Somoza, que nos acompaña. Rendimos en él el homenaje más caro de nuestros corazones al hermano pueblo de NIcaragua y a su hermosa patria, recordando asimismo al inmortal Rubén Darío, que vivió con nosotros largos años y que representa el elevado idealismo de esa patria generosa que, aún lejana en el espacio, está muy cercana en nuestro corazón. 
Quiero también agradecer a los compañeros de la CGT que, en nombre de sus seis millones de afiliados, han tenido la amabilidad de colocarme sobre el pecho esta banda argentina que, por provenir de los trabajadores de la patria, representa para mí la más honrosa, la más digna y la más alta distinción de que pueda ser objeto un gobernante. Y como de costumbre, deseo, desde esta plaza, en la cual reviven todos los momentos de nuestra vida histórica e institucional, hacer llegar a todas las plazas de la República, donde en este momento están reunidos nuestros compañeros para escuchar las palabras que les dirigimos desde aquí, este saludo que yo les hago llegar con el más apretado y sincero abrazo de compañero y de hermano. 
Y como en todos los 17 de Octubre, quiero desde este balcón dar cuenta al pueblo, sintéticamente, de cómo marcha nuestro gobierno. Compañeros: hemos seguido, desde 1944 hasta nuestros días, una línea inquebrantable de conducta determinada por los objetivos de nuestra doctrina. 

El primer Plan Quinquenal fue obra extraordinaria 

El primer Plan Quinquenal ha realizado, como ustedes conocen, una obra extraordinaria en todos los órdenes, pero para mí la más satisfactoria es el haber afirmado en esta tierra de todos mis amores la Justicia Social, la Independencia Económica y la Soberanía de la Nación. 
Ese primer Plan Quinquenal, que afirmó esas banderas en las astas inmortales de nuestra historia, dio también al pueblo argentino un grado de bienestar no alcanzado jamás en nuestra historia, y dio, por sobre todas las cosas, un grado de dignidad sin el cual la vida no merece ser vivida. 
Hemos iniciado con el año 1953 nuestro segundo Plan Quinquenal. Los objetivos de ese Plan se afirman también en las banderas ya izadas y consolidadas de nuestra Justicia, de nuestra Independencia y de nuestra Soberanía. Tiende el mismo a completar el ciclo que nos asegure, en su orden general, una economía integralmente satisfactoria. 

El camino de la riqueza y el engrandecimiento 

Yo, al contrario de lo que pensaron muchos economistas argentinos, pienso que no nos podemos conformar con ser un pueblo de pastores y de agricultores, aunque nos llamen la panera del mundo, como se ha dicho muchas veces. Es por eso que el Segundo Plan Quinquenal, al cristalizar los objetivos totales y definitivos de nuestro esfuerzo social, económico y político, da orden de preferencia a todas las realizaciones industriales. Queremos ayudar a esa inmensa masa campesina, que con sudor de todos los días ha mantenido durante un siglo y medio en pie la argentinidad y el trabajo argentino, con el esfuerzo de las masas urbanas destinado a la transformación de la materia prima y a la distribución de la riqueza, para que, establecido el ciclo integral de la República pueda retomar silenciosa y dignamente el camino de su riqueza y de su engrandecimiento. 
Para ello necesitamos solamente dos cosas: organización y trabajo. La organización es tarea del gobierno, y ustedes saben con qué ritmo la estamos realizando. En cuanto al trabajo, yo sé que los brazos generosos de los trabajadores argentinos están pidiendo actividades para producir; que en sus pechos honrados late un incontenible deseo de lucha y de trabajar para engrandecer a la Patria. 
Si en el primer Plan Quinquenal, conseguimos elevar el standard de vida a un grado de satisfacción y de dignidad nacional, en el segundo Plan Quinquenal ese standard de vida ha de elevarse todavía muy considerablemente. Yo, como Presidente de la República, no estoy todavía satisfecho con el standard de vida general alcanzado por el pueblo argentino. Podemos llegar a mucho más. Para ello, solamente necesitamos las dos cosas que acabo de mencionar: organizarnos y trabajar incansablemente para lograrlo. 
El trabajo, compañeros, como yo lo veo es poner en acción todos nuestros capitales y todos nuestros esfuerzos. Ello ha de lograrse con el cumplimiento de nuestros objetivos. Y desde ya descarto el éxito porque el pueblo argentino, con su grandeza extraordinaria me ha hecho optimista y me ha hecho entrever, que así como en el Primer Plan Quinquenal sobrepasamos todos los objetivos trazados -que habían sido calificados de ambiciosos- en el Segundo Plan Quinquenal hemos de sobrepasar también todos esos objetivos.

Nosotros queremos una cultura para el pueblo 

A la par de todas estas realizaciones de orden material, estamos también empeñados en promover la reforma cultural y la reforma educacional de la comunidad argentina. Queremos que en el orden de la cultura los grandes valores que esa cultura promueva, trascienda al pueblo. Nosotros no concebimos una comunidad donde haya veinte o treinta sabios muy sabios y muchos millones de ignorantes muy ignorantes; nosotros queremos una cultura para el pueblo, nosotros queremos que esa cultura esté al alcance de todos los hombres de este pueblo para que así cada uno pueda ser el artífice de su propio destino. Hemos de promover esa reforma, y en cuanto a las ciencias, a las artes, y a la cultura en general, cada argentino tendrá también en su mochila el bastón de mariscal prometido. 
Yo he de empeñarme en esta reforma con la misma decisión, con la misma perseverancia con que me empeñé en la reforma social en 1944. Y estoy seguro de que, con la ayuda de ustedes, hemos de triunfar. En cuanto a la política interna, ustedes saben tan bien como yo, cuáles son los progresos que en ese orden hemos realizado en la República. Después de diez años de lucha frente a la incomprensión, frente a la mala fe, frente a la lucha despiadada desde todos los rincones de esta tierra, comenzamos a llegar a la época de la persuasión definitiva. Yo nunca me he hecho ilusiones de convencer simultáneamente a todos los argentinos; pero, gracias a Dios, estoy viendo hoy que todas las legiones de los hombres de esta tierra comienzan a marchar en la misma dirección, y esa es para mi la victoria decisiva de mi patriotismo y de mi misión. Como sucede después de todas las luchas, comenzamos, la tarea de apaciguamiento. He dicho, y repito en este venturoso 17 de Octubre, que ningún adversario ni enemigo que quede entre nuestros hombres nos tenderá su mano sin encontrar la mano generosa del peronista para asirse a ella. 

Que la lucha sea para la grandeza de la Nación 

Nosotros, he repetido muchas veces, somos hombres de paz y de trabajo; sin embargo nos atrae la lucha, pero queremos que esa lucha sea para la grandeza de la Nación y el destino común de los argentinos. Ahí, en esa lucha queremos quemar toda nuestra energía y toda nuestra vida, si es preciso. 
Compañeros: el cuadro que en síntesis podría ofrecer en todas las actividades económicas y políticas del orden interno de la República, nos está mostrando una situación que, en plena consolidación, puede ofrecer a los argentinos la seguridad, la tranquilidad y la dignidad con que deben vivir los hombres en una comunidad organizada. Y yo estoy persuadido que en el futuro, esa seguridad, esa tranquilidad y esa dignidad han de ir creciendo a la sombra de nuestra buena fe, de nuestro patriotismo, de nuestro trabajo y de nuestra buena voluntad. 

Gesto de Eisenhower que le honra y le enaltece 

En el orden internacional doy gracias a Dios, de que haya permitido en este año estrechar nuestras relaciones con todos los pueblos de la tierra. Un pequeño diferendo, más de forma que de fondo, que existía con los EEUU y la República Argentina ha sido total y absolutamente solucionado y en ello haciendo la justicia a que tengo el deber, debo exaltar la ilustre personalidad del General Eisenhower, presidente de los Estados Unidos, quien, con un gesto que le honra y le enaltece, mandó a su propio hermano para zanjar todas las dificultades que pudieran existir con la Argentina. 
Yo soy el más feliz de los hombres al haber podido realizar este acto que nos une sin reservas mentales a todos los pueblos hermanos de América. 
Compañeros: Las verdades del Justicialismo, como toda nuestra doctrina, pueden confrontarse con nuestras realidades en el orden internacional. Somos lo suficientemente idealistas como para entender que la realidad constituye el supremo ideal. Los pueblos, como los hombres, no han podido aprender la ciencia oculta de vivir soñando; viven de realidades. Y los mejores sueños son los que se cumplen. Por eso, como en el año 1943, yo repito al pueblo: "Mejor que decir es hacer, y mejor que prometer es realizar". Por eso nosotros, con la dignidad nacional, que es la suma de las dignidades individuales que llevamos en el corazón podemos decir que en este 17 de Octubre de nuestras luchas y de nuestras glorias, el Movimiento Peronista, el gobierno peronista y ese maravilloso pueblo peronista, vienen cumpliendo estas verdades de nuestra doctrina política internacional, desde el primer día en que el sol nos encontró madrugando en el gobierno por la felicidad y la grandeza de una Nueva Argentina, Justa, Libre y Soberana. 
En este año del calendario peronista, que va desde el 17 de Octubre de 1952 a este nuevo 17 de Octubre, el mundo entero ha sido testigo de nuestra posición internacional clara y definida. No podíamos equivocarnos. Se equivocan los gobiernos que no cumplen la voluntad de sus pueblos. Y no nos equivocamos, porque yo he jurado ante mi propia conciencia no hacer sino lo que mi pueblo quiera. 

Consulta al pueblo y entusiasta respuesta 

Yo he dicho, por ejemplo, que nosotros trabajamos, primero para la República Argentina, después para el continente americano, y luego para los otros pueblos de la Tierra. Y lo he dicho porque eso es lo que quiere mi pueblo. ¿Si o no? - La muchedumbre contesta: ¡Sí! 
Yo he dicho también, que los argentinos no pelearemos jamás fuera de la República Argentina, pero que el que se anime a poner un pie en nuestra tierra, cuando ponga el segundo, encontrará 18 millones de argentinos dispuestos a morir por la defensa total de nuestra Patria. Y yo lo he dicho porque eso, eso es lo que quiere mi pueblo. ¿Si o no? -¡Sí!. 
Yo he dicho infinitas veces que estábamos en contra de todo imperialismo. Y ahora me alegro de que el presidente de los Estados Unidos, el general Eisenhower, condene con nosotros toda política internacional imperialista. Eso es lo que quiere el pueblo argentino para todos los pueblos de la tierra ¿Si o no? - ¡Sí!. 
Yo he declarado también que no somos enemigos de ningún pueblo de la tierra, puesto que todos merecen nuestro respeto y pueden hacer lo que quieran dentro de sus fronteras. Y lo he dicho porque eso es lo que quiere el pueblo ¿Si o no?. - ¡Sí!. 
¿Quiere o no el pueblo argentino que seamos amigos de todos los pueblos de la humanidad? ¿Si o no? - ¡Sí!. 
¿Quiere o no quiere el pueblo argentino que ayudemos a que se realice la unión de todos los pueblos americanos? - ¡Sí!. 
Por eso fui a Chile, y el pueblo chileno, con el inmenso cariño de su corazón, me hizo pensar que la República Argentina y el pueblo argentino tienen que cumplir con los designios del Gran Capitán, luchando incansablemente por la libertad americana. Por eso, a mi regreso de Chile, proclamé el decálogo de la unión entre los pueblos hermanos y este maravilloso pueblo argentino. ¿Es o no es lo que quiere el pueblo argentino? - ¡Sí!. 

El pueblo del Paraguay merece nuestro cariño 

Por eso fui también al Paraguay, y allí sentí palpar emocionado el corazón de América, interpretado por un gobierno humilde que sirve a un pueblo cuya humildad impone el respeto que merecen los grandes pueblos. 
El pueblo de Paraguay merece nuestra más alta consideración y todo nuestro cariño. No ambiciona más de lo que posee y por eso no ha pedido nada a cambio de nuestra amistad leal y honrada. Por eso yo pido al pueblo argentino que cumpla con los paraguayos un decálogo similar al que nos une con el pueblo chileno por sobre las nieves eternas de los Andes, pese a los egoísmos mezquinos de los hombres mediocres que oponen sus intereses personales a los altos, eternos e irrevocables ideales de los pueblos. 
En homenaje al pueblo paraguayo yo deseo reiterar en este día solemne de nuestra historia, el contenido sumario y sustancial de aquel decálogo y lo propongo al pueblo argentino como principio para la unión definitiva entre los paraguayos y los argentinos. 
A continuación el Señor Presidente da lectura al Decálogo como "principio para la unión definitiva y eterna entre los pueblos paraguayo y argentino": 

1) Cada argentino debe saber que el pueblo paraguayo y el pueblo argentino, conservando la plenitud de sus soberanías nacionales, son real y efectivamente pueblos hermanos y, en consecuencia, todos los argentinos debemos trabajar por la grandeza del Paraguay y por la felicidad de su pueblo, con la misma fe y el mismo amor con que trabajamos por nuestra propia grandeza y por nuestra propia felicidad. 
2) Desde hoy los paraguayos serán compatriotas de todos los argentinos. Esta debe ser una consigna de honor nacional. 
3) Cada uno de nosotros debe comprometerse a trabajar en su puesto por el acercamiento espiritual y material de los pueblos paraguayos y argentino. 
4) El gobierno, el Estado y el pueblo argentino arbitrarán todos los recursos y medios que ayuden al Paraguay a consolidar la Justicia Social, la Independencia económica y la Soberanía política, del mismo modo que luchamos por las nuestras, puesto que ellas son las únicas bases de la unión comprometida. 
5) La unión del pueblo paraguayo con el pueblo argentino no excluye futuras adhesiones de ningún pueblo americano sobre las mismas bases. Cada argentino debe saber que ésta es una acción constructiva, que no tiene finalidades ofensivas, que no está dirigida contra nadie y que tiene como único objetivo la grandeza y felicidad de los pueblos que la componen o compongan en el futuro. 
6) Las organizaciones sociales, económicas y políticas del pueblo argentino habrán de promover la máxima vinculación posible con sus similares del pueblo paraguayo, a fin de realizar una acción armónica y solidaria para alcanzar los grandes objetivos comunes. El gobierno argentino prestará su más amplio apoyo a estas vinculaciones entre los pueblos hermanos. 
7) La legislación general argentina deberá contribuir a facilitar la unión de los pueblos paraguayo y argentino. 
8) Los organismos del gobierno y del Estado nacionales, provinciales y territoriales, particularmente en las zonas limítrofes con la hermana República de Paraguay, coordinarán su acción con sus similares paraguayos sobre las bases de real y sincera lealtad. 
9) Todo acto contrario a los grandes objetivos comunes e intereses de la unión entre el pueblo del Paraguay y el pueblo argentino será considerado por nosotros como una falta de honor en relación con el compromiso contraído. 
10) El pueblo del Paraguay y el pueblo argentino son los depositarios absolutos de esta unión definitiva, que ponemos bajo la protección de Dios, fuente de todo amor y de toda Justicia, de toda libertad, pidiéndole humildemente que no sea jamás violada ni destruida por los malvados e hipócritas intereses egoístas y mezquinos, sino que, por el contrario, sea permanente y eterna como la humildad de nuestros pueblos. 
Y ahora deseo transmitir a todos los compañeros de la Patria ese saludo afectuoso de todos los años, invitándolos a que me acompañen a dar estos vivas: ¡Viva la República de Nicaragua! ¡Viva el General Somoza! ¡Viva la República del Paraguay! ¡Viva la Patria!

Fuente: Juan Domingo Perón, Obras completas, Volumen 17, Parte 2, Buenos Aires, Editorial Proyecto Hernandarias, 2000. pág. 691 / El Historiador

domingo, 17 de agosto de 2014

San Martín: "Seamos libres y lo demás no importa nada"

Nacido en Yapeyú, hoy Corrientes, un 25 de febrero de 1778, José Francisco de San Martín era el quinto hijo del Teniente Gobernador del  pueblo. Cuando José contaba con tres años, la familia se trasladó a Buenos Aires y poco más tarde se embarcarían hacia España, adonde llegaría en marzo de 1784. Ahí, obtendría una sólida educación, que incluía latín, francés, castellano, dibujo, poética retórica, esgrima, baile, matemáticas, historia y geografía.

A los once años, ingresó como cadete en el Regimiento de Infantería de Murcia. Pronto participó en diversos combates en España y en el Norte de África. Su actuación destacada le valió rápidos ascensos. Al promediar los 30 años, tenía el grado de teniente coronel.

A pesar de la lejanía, San Martín no perdía huella de los acontecimientos americanos y cuando se enteró de los sucesos de mayo de 1810, pidió el retiro del ejército español. Por entonces, había tomado contacto con círculos liberales y revolucionarios que alentaban la emancipación americana. Luego de pasar por Londres, donde tomó contacto con logias revolucionarias que se proponían conseguir la ayuda inglesa para romper el vínculo colonial español, en marzo de 1812 llegó a Buenos Aires, y logró que se le respetara su grado militar y que se le encomendara la creación de un regimiento para custodiar las costas del Paraná. Así nacía el Regimiento de Granaderos a Caballo.

En la capital, San Martín entró en contacto con los grupos opositores al Triunvirato orientado por Rivadavia, entre los que se encontraba Bernardo de Monteagudo. Junto a Carlos de Alvear, fundó la Logia Lautaro, que fue decisiva para la caída del Triunvirato y que se proponía la Independencia y la sanción de una Constitución Republicana. Por entonces, San Martín se casaría con Remedios de Escalada. En 1816 nacería Merceditas, la única hija de la pareja. Las sucesivas victorias militares alimentaron el prestigio de San Martín, quien logró hacerse del comando del Ejército del Norte y luego de la gobernación de Cuyo, donde comenzó los preparativos para su ambicioso plan libertador.

El cruce de los Andes comenzó a principios de 1817 y en pocos años, logró la liberación de Chile y preparó el ascenso hacia el Perú, a pesar de la oposición del Directorio porteño. En julio de 1821, San Martín ocupó Lima y declaró la independencia del Perú, formando un protectorado a cuyo frente fue elegido. Abolió la esclavitud y los servicios personales, entre otras medidas. Para poner fin a la resistencia realista, intentó sumar esfuerzos con Simón Bolívar, con quien tuvo la famosa entrevista de Guayaquil, en julio de 1822. Pero las diferencias políticas y militares, hicieron que se retirara y dejara todo en manos del líder venezolano. Pronto renunció al protectorado del Perú y se retiró de la política.


Rechazado y difamado por Rivadavia, por cuya responsabilidad San Martín no logró asistir a los últimos días de vida de su esposa, decidió abandonar el país en compañía de su pequeña hija Mercedes. Intentó regresar a Buenos Aires en 1828, pero no bajó del barco ante la guerra civil desatada por el general Lavalle. Luego de pasar por Montevideo, regresó a Europa, donde vivió veinte años más, hasta que falleció, enfermo de asma, reuma y úlceras, el 17 de agosto de 1850.

A continuación reproducimos la proclama de San Martín del 19 de julio de 1819, donde advertía sobre la inminente llegada de una expedición española y arengaba a pelear por la libertad.

Fuente: Arturo Capdevilla, El pensamiento vivo de San Martín, Buenos Aires, Losada, 1950, págs. 34-35; en Felipe Pigna, Los mitos de la historia argentina 2, Buenos Aires, Editorial Planeta, 2005, pág. 42.

"Compañeros del Ejército de los Andes: Ya no queda duda de que una fuerte expedición española viene a atacarnos; sin duda alguna los gallegos creen que estamos cansados de pelear y que nuestros sables y bayonetas ya no cortan ni ensartan; vamos a desengañarlos. La guerra se la tenemos que hacer del modo que podamos. Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos han de faltar; cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con las bayetitas que nos trabajan nuestras mujeres y si no, andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios. Seamos libres y lo demás no importa nada. La muerte es mejor que se esclavos de los maturrangos. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje."

José de San Martín

Fuente: El Historiador

sábado, 26 de julio de 2014

Hace 62 años “Evita” pasaba a la inmortalidad

A 62 años de la muerte de Eva Perón: legado, obra y militancia

Abatida por la enfermedad, muere a los 33 años Eva Perón, arquetipo de la mística militante del peronismo, activa impulsora y celosa guardiana de la revolución justicialista.

Esposa, amiga y compañera de Juan Domingo Perón, fundadora del Movimiento Peronista Femenino, activa impulsora del voto femenino y la igualdad de la mujer, creó la Fundación Eva Perón al frente de la cual llevó a cabo una trascendental e inusitada obra de reparación social y al servicio de la cual agotó hasta sus últimas energías.

Adorada y hasta idolatrada por los humildes y las clases trabajadoras, temida y odiada hasta la exasperación por los oportunistas y dueños de los privilegios, fue despedida por la expresión de dolor popular más multitudinaria y numerosa de la historia argentina.

Personalidad de relieve mundial y de permanente actualidad, fue autora de "La razón de mi vida", "Historia del peronismo" y diversos artículos periodísticos en los que reflejó su intenso compromiso en la lucha por la justicia social.

En su lecho de muerte alcanzó a dictar una suerte de testamento político que, publicado muy posteriormente gracias al historiador Fermín Chávez y luego por el editor y militante peronista Alberto Schprejer con el título de "Mi mensaje", fue sistemáticamente ignorado y silenciado debido a su manifiesto antagonismo con los poderes establecidos.

Los últimos días de Evita


Eva Perón supo despertar un fanatismo desenfrenado entre los humildes, que llegaba en ocasiones a la devoción más profunda. Quizá en la misma proporción, pero en sentido inverso, Evita fue el blanco de las peores reacciones de una buena parte de la sociedad argentina. Ella era intempestiva, pasional, luchadora, y los odios que generó fueron de igual intensidad. No sólo de las clases dominantes, de los vituperados “oligarcas”. También de amplios sectores medios e incluso de intelectuales de izquierda y progresistas. “Viva el cáncer”, llegó a leerse en algunos muros de la ciudad porteña. Milcíades Peña habló del “bonapartismo en faldas” y creyó a esta “artista de radioteatro y cine poco cotizada y muy de segundo plano” un producto de “las necesidades, ansiedades y fantasías de la gente pobre”.

Pero entonces, ¿por qué tanto odio? Nacida en Los Toldos, en el noroeste bonaerense, un 7 de mayo de 1919, Eva María Ibarguren, fue hija ilegítima del estanciero y conservador Juan Duarte y de la puestera Juana Ibarguren. Esa misma circunstancia le dio un primer motivo de lucha. Luego de la muerte de su padre, la familia se quedó sin sustento. Más tarde, se trasladaría a Junín, cuando Eva tenía ya 11 años, donde pronto descubriría su vocación de actriz.

Con 15 años, finalmente, llegó a la capital, para triunfar en la actuación. Era 1935, plena década infame y ola creciente de migrantes internos hacia Buenos Aires. Eva logró intervenir, aunque de forma secundaria, en importantes obras teatrales, siendo destacada por la prensa en algunas oportunidades. Películas, radioteatros, hasta tapas de revista, le permitieron crecer rápidamente en la dirección soñada. Por fin, también consiguió tener un buen pasar, lo que no le impidió iniciar su militancia social, participando de la creación del primer sindicato de trabajadores de radio.

Al poco tiempo, Eva conoció a Perón. Tenía 24 años y él, ya teniente general y hombre fundamental de la Revolución de 1943, casi 50. Vivían juntos cuando sucedió el 17 de octubre y de inmediato se casaron. Entonces sí, con Perón fortalecido en el poder estatal, Eva lo acompañó, logrando rápidamente un protagonismo central en la vida política argentina.

Los derechos políticos de las mujeres, la creación del Partido Peronista Femenino, la fundación de ayuda social, los estrechos vínculos con los sindicatos y una intransigente defensa de Perón frente a “oligarcas”, “cipayos” y el “imperialismo”, marcaron los más de seis años que la tuvieron en la primera escena nacional.

Evita falleció por un cáncer de cuello uterino, el 26 de julio de 1952. Con tan sólo 33 años, se había convertido en la mujer más influyente del país. Su cuerpo, llorado durante días por una multitud, también fue robado, ultrajado y ocultado, durante casi dos décadas.

¿Por qué esta joven mujer se había ganado el odio de un importante sector de la sociedad? Hace unos años, Eduardo Galeano ensayó una respuesta: “La odiaban los biencomidos: por pobre, por mujer, por insolente. Ella los desafiaba  hablando y los ofendía viviendo. Nacida para sirvienta (...) Evita se había salido de su lugar”.
En esta oportunidad, la recordamos con un fragmento del libro Evita. Jirones de su vida, de Felipe Pigna, donde el autor repasa los últimos momentos en la vida de Eva Perón.

Fuente: Felipe Pigna, Evita. Jirones de su vida, Buenos Aires, Planeta, 2012, págs. 318-325.

En el país, dividido entre peronistas y “contreras”, la idea de que el fin de Evita estaba cercano iba ganando terreno, aunque no se publicaran noticias inquietantes sobre su salud. Una expresión de esto era lo que Atilio Renzi, con disgusto, llamaba “una verdadera competencia entre altos funcionarios para congraciarse con la enferma”. Los artículos que publicaba el diario Democracia eran cada vez más laudatorios, al igual que los comentarios de la prensa peronista sobre La razón de mi vida. El 25 de junio, el gobierno bonaerense estableció que el libro fuese texto oficial de las escuelas, en la materia Educación Cívica. El 17 de julio, una ley del Congreso lo convirtió en texto obligatorio en todos los establecimientos de enseñanza dependientes del Estado nacional.

En esos meses, bustos de Evita comenzaron a adornar reparticiones públicas. Anticipándose a lo que ocurriría después con La Plata, la ciudad de Quilmes adoptó un nuevo nombre: Eva Perón. A mediados de junio, el diputado Héctor Cámpora presentó un proyecto de ley para condecorar a Evita con el collar de la Orden del Libertador General San Martín, que fue aprobado dos días después.

Pero entre sus descamisados, en lugar de homenajes, había un fervor religioso que rogaba por su restablecimiento. Altares y capillas improvisadas se levantaban en todo el país para rezar por su salud. Atilio Renzi, testigo de primera mano de esos días, recordaba:
Cuando la señora se empeoró, muchos viajaron al interior en busca de manosantas, brujas y hechiceros. Llegaba gente desde muy lejos para rezar en los jardines de la residencia. A la custodia le enviaban permanentemente para su archivo, amuletos, piedras milagrosas y estampitas con propiedades curativas… Era gente del pueblo. Algo de no creer. Se evitó siempre decir que Evita estaba muy mal, para no traer inquietud a la gente. Se trataba de evitar las aglomeraciones frente a las verjas de la residencia. Muchas personas tenían ataques de desesperación y de locura. Era algo impresionante. El día que fue el padre Benítez a darle la extremaunción, en plena lluvia, la gente se arrodillaba a rezar en la calle. Hasta las habitaciones llegaba el murmullo de las oraciones. Yo pensaba que muchos se iban a agarrar una pulmonía.

El 20 de julio, la CGT se hizo eco de lo que venía ocurriendo y organizó una misa en el Obelisco. La concurrencia, estimada en un millón de personas, se congregó bajo una llovizna fría en torno a un gran altar levantado para la ocasión, donde ofició el sacerdote y diputado peronista Virgilio Filippo. El confesor de Eva, el padre Benítez, tenía una difícil misión en el transcurso de esa misa. A Perón, que “tenía la obsesión de que Evita iba a morir en ese momento”, se le ocurrió poner un teléfono directo hasta la cabina donde yo estaba, que era un enredijo de cables y chispas. Habíamos quedado en que si él me llamaba, era porque había muerto, para que yo preparase a la gente y dijese claramente: “Ha muerto Eva Perón”. Yo temblaba de tener que decir eso. De repente, suena el teléfono. Se me escapó: “Murió”. Era el General y me dice: “Ella ha querido oír la misa. Está muy bien. Pero el que está mal soy yo, estoy llorando de emoción. Quisiera morirme antes que ella”.

Un ambiente de desolación y tristeza comenzaba a invadir los barrios populares, mientras manos anónimas pintaban sobre una pared “Viva el cáncer”. Eran manos que venían de otros barrios donde le deseaban larga vida al cáncer y corta vida a su odiada enemiga.

Fuente: El Historiador: Los últimos días de Evita, por Felipe Pigna
Fuente: La Jornada

lunes, 24 de marzo de 2014

A 38 años del golpe cívico-militar

Autor: Felipe Pigna

Hoy se cumplen 38 años de aquel fatídico 24 de marzo de 1976, cuando las Fuerzas Armadas asumieron el poder político como representantes de las clásicas minorías a las que les era imposible acceder al gobierno por el voto popular. Para aplicar aquella "reorganización nacional" -que gustaba imaginarse a sí misma como la continuadora de la "Organización Nacional" iniciada por Mitre en 1862-, los usurpadores del poder creyeron necesario destruir todo vestigio de oposición a aquel modelo antinacional, de concentración de la riqueza en pocas manos y socialización de la miseria.

Se había perpetrado un nuevo golpe de Estado cívico-militar que, al igual que los anteriores, contaba con el apoyo de importantes sectores: los grandes grupos económicos, nacionales y extranjeros; ciertos comunicadores sociales que colaboraron en la preparación de la sociedad para aceptar el golpe como única alternativa para salir de la crisis; la jerarquía católica; dirigentes políticos y sindicales que aunque no dieron un apoyo explícito, tampoco se pronunciaron claramente en contra. El nuevo gobierno contaba también con el desconcierto y las expectativas de una población que, harta del desastroso gobierno de Isabel Perón y de la violencia cotidiana, pensaba que un "gobierno de orden" traería las soluciones esperadas.

Las primeras medidas de la dictadura encabezada por el general Jorge Rafael Videla, ungido presidente por sus pares, no dejaron lugar a dudas sobre su carácter: establecimiento de la pena de muerte, clausura del Congreso Nacional y de todas las legislaturas provinciales y municipales, reemplazo de todos los miembros de la Corte Suprema de Justicia por jueces adictos al nuevo régimen, allanamiento e intervención de los sindicatos, prohibición de toda actividad política y censura previa sobre todos los medios de comunicación.

Los ministerios, con excepción del de Economía y el de Educación, fueron ocupados por militares. Los gobiernos provinciales también fueron repartidos en su mayoría entre uniformados de las tres fuerzas. Hasta los canales de televisión fueron adjudicados con ese criterio. Se creó, según decían ellos en reemplazo del Congreso, la Comisión de Asesoramiento Legislativo (CAL), también integrada por civiles y militares, cuyas funciones nunca se precisaron detalladamente. Las intendencias municipales fueron asignadas en su gran mayoría a civiles de diferentes partidos políticos, con predominio de los miembros del radicalismo y del peronismo.

El Estado, que mediante la recaudación de impuestos debe garantizar a los ciudadanos educación, salud, seguridad y justicia, se convirtió en terrorista, transformándose en un poderoso instrumento de represión, ignorante del derecho en general y de los derechos humanos más elementales, cuyo objetivo era reorganizar en sentido regresivo la sociedad argentina entronizando la injusticia, la insensibilidad social y la ignorancia.

La censura llegó a todos los órdenes, desde los medios masivos hasta la vida cotidiana. Fueron cerradas las carreras universitarias de Psicología y Antropología y, en la provincia de Córdoba, llegó a prohibirse la enseñanza de la matemática moderna por considerársela subversiva.

La barbarie del nuevo gobierno y su desprecio por la cultura quedaron claramente sintetizados por el almirante Massera, miembro de la Junta: "La crisis actual de la humanidad se debe a tres hombres. Hacia fines del siglo XIX, Marx publicó tres tomos de El Capital y puso en duda con ellos la intangibilidad de la propiedad privada; a principios del siglo XX, es atacada la sagrada esfera íntima del ser humano por Freud, en su libro La interpretación de los sueños, y como si fuera poco, para problematizar el sistema de los valores positivos de la sociedad, Einstein, en 1905 hace reconocer la teoría de la relatividad, donde pone en crisis la estructura estática y muerta de la materia" (Diario La Opinión, 26 de noviembre de 1977). Así hablaban los supuestos defensores del pensamiento "occidental y cristiano".

A dos días de producido el golpe militar, el Fondo Monetario Internacional le otorgó un crédito a la flamante dictadura y anunció su satisfacción por la designación del nuevo ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz.

La opinión del establishment internacional le era unánimemente favorable. El banquero David Rockefeller declaraba: "Siento gran respeto y admiración por Martínez de Hoz. Es muy obvio para mí, como para todo el segmento bancario y económico internacional, que las medidas de su programa son las indicadas" (Revista Gente, 6 de abril de 1977). Mientras Martínez de Hoz aplicaba los conceptos económicos monetaristas de la Universidad de Chicago, los militares aplicaban la Doctrina de Seguridad Nacional aprendida en la academia de West Point y la Escuela de las Américas de Panamá. Represión y plan económico iban de la mano.

Se aplicó un primer plan de ajuste aconsejado por el inefable FMI: liberación de precios, devaluación del peso, congelamiento salarial y disminución del déficit fiscal. Las consecuencias fueron que en el primer semestre de 1976 los precios al consumidor aumentaron el 87,5%, garantizando la tasa de ganancia de los sectores dominantes. Para disminuir el déficit fiscal, se redujeron los sueldos, se despidió personal estatal y se aumentaron los impuestos al consumo y las tarifas de las empresas públicas. La pérdida del poder adquisitivo del salario real fue del 40%, lo que implicó una transferencia de ingresos de los asalariados al sector privado del 17% del Producto Bruto Interno.


Entre los grupos de poder locales se respiraba un aire fresco: el que daba contar con uno de ellos en un puesto clave para sus negocios. A no pocos miembros de la clase media comenzó a caerle simpático aquel hombre de orejas exageradas cuando, retrasando el tipo de cambio, les permitió viajar a Miami y competir por comprar al menos dos productos igualmente inútiles. Era la época en que la plata empalagaba a quien sabía especular y su ausencia amargaba los estómagos de los trabajadores que veían cerrar sus fábricas y fuentes de trabajo ante la desleal competencia del ingreso irrestricto de todo tipo de artículos importados.

Pero no todos callaron. Entre ellos, los organismos de derechos humanos, con las Madres y Abuelas a la cabeza, y sectores del movimiento obrero que entre 1976 y 1979, en la etapa más feroz de la represión, llevaron adelante más de 300 conflictos gremiales.

Tras la debacle económica del 80 y la desastrosa derrota en la Guerra de Malvinas, los militares y sus socios civiles se autoamnistiaron y estatizaron sus gigantescas deudas privadas. Comenzaban a preparar su retiro del gobierno, lo que no incluía perder sus posiciones dominantes de poder en el campo económico y financiero.

El 10 de diciembre de 1983, la dictadura se iba dejando tras de sí las ruinas de un país arrasado. Miles de desaparecidos, familias destruidas, la industria nacional herida de muerte, las cicatrices de una guerra perdida, una deuda externa que condicionaba cualquier política de gobierno, niños desnutridos y analfabetos, una sociedad menos solidaria y más individualista. Y el eco de un discurso oficial que durante años había hecho creer que la utopía era sinónimo de estupidez.

Fuente: El Historiador

jueves, 13 de febrero de 2014

Bodas de Plata del golpe de mercado a Alfonsín

La misma estrategia, los mismos de siempre

El gobierno soporta embates similares a los que recibió Raúl Alfonsín en 1989, como el "Dolarazo" del 6 de febrero de ese año.

El 6 de febrero de 1989, el gobierno de Raúl Alfonsín sufría el embate más fuerte, de los muchos que venía soportando desde mucho tiempo atrás, por parte de los sectores concentrados de la economía, nacional y extranjera. Las corridas cambiarias que se producían diariamente durante el caliente mes de enero concluyeron ese día con una devaluación del tipo de cambio que precipitó el comienzo del fin de su gobierno. Los medios de comunicación lo llamaron el día del "Dolarazo". La corrida cambiaria se produjo a la par de la restricción de la liquidación de divisas por parte del sector exportador a la espera de una devaluación del tipo de cambio que lo beneficiara.
 
A partir de allí todas las variables económicas y sociales comenzarían una frenética estampida. Inflación, caída del consumo, y la especulación desatada por el sector financiero empujaban a la desesperada compra de dólares del ciudadano común que procuraba proteger sus ahorros ante la caída del valor de la moneda de entonces, el Austral. La semilla del temor y la incertidumbre social, de desborde y precipicio al que el país se dirigía, ya había comenzado a dar sus frutos.
El sector financiero, llamado por aquéllos años "Patria financiera" en alianza con el sector agroexportador y los "Capitanes de la Industria", conformado por los principales grupos económicos locales, venían imponiéndole a Alfonsín sus condicionamientos habituales, consistentes en diseñarle una política económica que beneficiara sus intereses particulares por sobre los generales de toda la población. Los ejes giraban en torno a producir una devaluación del tipo de cambio que le devolviera competitividad al sector exportador, combatir la inflación frenando la demanda a partir del alza en la tasa de interés, reducir la presión tributaria a los sectores productivos, y disminuir el gasto público. Síntesis de lo que denominaban "reglas de juego claras".
Para entonces, Clarín ya era Clarín, y Alfonsin denunciaba públicamente sus tapas del diario de todos los días, como también se puede ver algunas de las filmaciones que así lo recuerdan.
En otras de las imágenes difundidas del discurso de Alfonsín en la Sociedad Rural Argentina, el 13 de agosto de 1988, en medio de la silbatina e insultos que le prodigaba la élite agroganadera, hay un párrafo de su discurso, en respuesta al entonces titular de la SRA, Guillermo Alchourron, que vale la pena recordar, por su precisión, y por su vigencia en cuanto a las demandas que en estos días reproduce el actual presidente de la SRA, Luis Miguel Etchevhere: "Ustedes tendrán el dólar libre, a fines del año que viene, tal como usted mismo me lo ha estado planteando en reiteradas oportunidades." Y continuaba: "Pero este debe ser el tiempo de la racionalidad, de la moderación, para que no vuelva el facilismo, la magia, el atropello, la demagogia." En alusión al eternamente "castigado campo", y al pedido del dólar libre, Alfonsín agregaría: "El esfuerzo lo hacemos todos", en clara alusión al papel de victimario recurrente de la élite agropecuaria.
 
En esas semanas del verano de 1989, se producía el bautismo del poder de fuego contra la democracia por parte de los grupos económicos y financieros heredados de la dictadura de 1976.
Recurrir a la memoria del último año del gobierno de Raúl Alfonsín implica, desde hace mucho tiempo atrás, leer y comprender la historia reciente y el papel que desde entonces vienen jugando aquéllas fuerzas que se desataron sobre su gobierno para acelerar su salida, o mejor dicho, su caída.

¿Son muy distintos a las que desde el año 2008 vienen intentando horadar la gobernabilidad de la presidenta Cristina Fernández?
La respuesta, para quien haya vivido aquéllos años es que, efectivamente, son los mismos sectores, persiguiendo los mismos intereses. Para quienes no lo vivieron, vale repasar ese pasado para que el presente no los sorprenda.
Los nostálgicos de aquéllos años siguen tenazmente dispuestos, nuevamente, a voltear a un gobierno democrático como la única manera de recuperar al país del extravío populista del kirchnerismo, tal como indicaban algunos de los carteles que portaban en las marchas de los caceroleros del año 2012: "Devuelvan el país."
Este repaso por el pasado, que es también parte del presente, arroja, afortunadamente, en términos de construcción política, diferencias sustanciales con aquel final del gobierno de Alfonsín. Las conquistas sociales, políticas, económicas y culturales obtenidas durante los últimos once años permiten disponer de una fortaleza política muy superior al del jaqueado líder radical. Las dificultades en el terreno económico son desafíos complejos pero posibles de encauzar si se dispone de la fuerza necesaria para combatir los embates de la furia opositora, corporativa y mediática que se sabe, no darán tregua.
Tal como volvió a reiterar el martes la presidenta, al anunciar el reciente aumento a las jubilaciones y pensiones, la fortaleza para sostener los derechos adquiridos, y la mejora en la calidad de los 40 millones de argentinos requiere el apoyo de una gran mayoría de esos millones, que no se dejen atrapar, como decía Alfonsín hace 25 años atrás "para que no vuelva el facilismo, la magia, el atropello, la demagogia".
En ese sentido, la oferta de candidatos de la oposición sumisos del poder económico es amplia. Están quienes prometen recetas mágicas y facilistas, con propuestas más o menos disimuladas. Y también los que proponen un orden excluyente sin ocultar su verdadero modelo de país.
Una vez más, como siempre, el que se destaca por sobre todos es el inefable y balbuceante Mauricio Macri, que aunque ahora devaluado por la figura de Sergio Massa, continúa siendo uno de los más persistentes entre los que pretenden llegar a la presidencia de la Nación en el año 2015. Apelando al mismo discurso de siempre, da cotidinas muestras de pretender gobernar y gestionar el país (tanto que le gusta utilizar el término "gestionar" desde la perspectiva empresarial) y le pifian en el cálculo de la cantidad de chicos y chicas en la matrícula de alumnos de la Ciudad de Buenos Ares. Pifiarle con 12 mil alumnos es grosero, tanto como implementar un pretensioso (y tan PRO) sistema online para la inscripción escolar que termina dejando a esa cantidad de chicos off line.
 Si este "error de cálculo" es llevado a la escala de la economía del país es de esperar si un día llegan al gobierno, admitan que por un error, por una cuestión del sistema online "nos quedaron afuera 3 millones y medio de beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo" .

Fuente: El Argentino

viernes, 31 de enero de 2014

Felipe Varela contra Mitre

¡ARGENTINOS! El hermoso y brillante pabellón que San Martín, Alvear y Urquiza llevaron altivamente en cien combates, haciéndolo tremolar con toda gloria en las tres más grandes epopeyas que nuestra patria atravesó incólume, ha sido vilmente enlodado por el General Mitre, gobernador de Buenos Aires.
La más bella y perfecta Carta Constitucional democrática republicana federal, que los valientes entrerrianos dieron a costa de su sangre preciosa, venciendo en Caseros al centralismo odioso de los espurios hijos de la culta Buenos Aires, ha sido violada y mutilada desde el año sesenta y uno hasta hoy, por Mitre y su círculo de esbirros.
El Pabellón de Mayo que radiante de gloria flameó victorioso desde los Andes hasta Ayacucho, y que en la desgraciada jornada de Pavón cayó fatalmente en las ineptas y febrinas manos del caudillo Mitre -orgullosa autonomía política del partido rebelde- ha sido cobardemente arrastrado por los fangales de Estero Bellaco, Tuyuti, Curuzú y Curupaití.
Nuestra Nación, tan feliz en antecedentes, tan grande en poder, tan rica en porvenir, tan engalanada en glorias, ha sido humillada como una esclava, quedando empeñada en más de cien millones de fuertes, y comprometido su alto nombre a la vez que sus grandes destinos por el bárbaro capricho de aquel mismo porteño, que después de la derrota de Cepeda, lacrimando juró respetarla.

COMPATRIOTAS: desde que aquel, usurpó el gobierno de la Nación, el monopolio de los tesoros públicos y la absorción de las rentas provinciales vinieron a ser el patrimonio de los porteños, condenando al provinciano a cederles hasta el pan que reservara para sus hijos. Ser porteño, es ser ciudadano exclusivista; y ser provinciano, es ser mendigo sin patria, sin libertad, sin derechos. Esta es la política del Gobierno Mitre.
Tal es el odio que aquellos fratricidas tienen a los provincianos, que muchos de nuestros pueblos han sido desolados, saqueados y guillotinados por los aleves puñales de los degolladores de oficio, Sarmiento, Sandez, Paunero, Campos, Irrazábal y otros varios oficiales dignos de Mitre.
Empero, basta de víctimas inmoladas al capricho de mandones sin ley, sin corazón y sin conciencia. Cincuenta mil víctimas hermanas, sacrificadas sin causa justificable, dan testimonio flagrante de la triste o insoportable situación que atravesamos, y que es tiempo ya de contener.

¡VALIENTES ENTRERRIANOS! Vuestros hermanos de causa en las demás provincias, os saludan en marcha al campo de la gloria, donde os esperan. Vuestro ilustre jefe y compañero de armas el magnánimo Capitán General Urquiza, os acompañará y bajo sus órdenes venceremos todos una vez más a los enemigos de la causa nacional.
A él y a vosotros obliga concluir la grande obra que principiasteis en Caseros, de cuya memorable jornada surgió nuestra redención política, consignada en las páginas de nuestra hermosa Constitución que en aquel campo de honor escribisteis con vuestra sangre.

¡ARGENTINOS TODOS! ¡Llegó el día de mejor porvenir para la Patria! A vosotros cumple ahora el noble esfuerzo de levantar del suelo ensangrentado el Pabellón de Belgrano, para enarbolarlo gloriosamente sobre las cabezas de nuestros liberticidas enemigos!

COMPATRIOTAS: ¡A LAS ARMAS! ¡Es el grito que se arranca del corazón de todos los buenos argentinos!

¡ABAJO los infractores de la ley! Abajo los traidores a la Patria! Abajo los mercaderes de Cruces en la Uruguayana, a precio de oro, de lágrimas y de sangre Argentina y Oriental!

¡ATRÁS los usurpadores de las rentas y derechos de las provincias en beneficio de un pueblo vano, déspota e indolente!

¡SOLDADOS FEDERALES! nuestro programa es la práctica estricta de la Constitución jurada, el orden común, la paz y la amistad con el Paraguay, y la unión con las demás Repúblicas Americanas. ¡¡Ay de aquel que infrinja este programa!!

¡COMPATRIOTAS NACIONALISTAS! el campo de la lid nos mostrará al enemigo; allá os invita a recoger los laureles del triunfo o la muerte, vuestro jefe y amigo.

FELIPE VARELA
Campamento en marcha, Diciembre 6 de 1866.

En agosto de 2007, la legislatura de Catamarca solicitó al gobierno nacional el ascenso post-mortem del coronel Felipe Varela al grado de general de la Nación. En junio de 2012 fue ascendido post-mortem al grado de general de la Nación por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner

Fuente: Patria o Colonia

jueves, 14 de noviembre de 2013

A 20 años del pacto de Olivos

Por Raúl Degrossi

Hace exactamente hoy 20 años de aquél día en que Menem y Alfonsín sellaban el pacto que posibilitó la reforma constitucional de 1994, y la reelección del riojano un año más tarde, con casi el 50 % de los votos.

El Pacto de Olivos merece diferentes lecturas, desde la estrictamente política, hasta el juicio crítico sobre las bondades o no de la reforma constitucional que alumbró.

El radicalismo desde entonces (siguiendo la interpretación con la que el propio Alfonsín justificó el acuerdo), y a tono con lo que suele ser su discurso habitual, habló de una poco menos que providencial intervención del hombre de Chascomús para salvarla: "íbamos en rumbo de colisión" decía entonces el padre de Ricardito; para justificar el pacto con una weberiana apelación a la ética de las responsabilidades igual a la que usó años antes para justificar otro pacto, el que suscribió con Rico y los carapintadas para sancionar las leyes de la impunidad.

Es tan cierto que por entonces el menemismo parecía dispuesto a todo para impulsar la reelección presidencial (algo de lo que no se puede acusar al kirchnerismo, sin falsear a la verdad histórica), como que la UCR, en la persona de nada menos que su líder histórico (no sustituido aun hoy en ese rol por ningún otro dirigente), terminaba yendo al pie de su ofensiva, con la excusa de defender las instituciones.

Una excusa que se deslució bastante cuando se conoció "la letra chica" del pacto, y se pudo ver que, a cambio de sus servicios a la república, los radicales obtenían algunas pitanzas indispensables para preservar su estructura política, y acomodarse a la idea de ser oposición sin chances de disputar el poder, por bastante tiempo: el Consejo de la Magistratura, la Auditoría General de la Nación o el senador por la minoría.

Y si bien se mira, expresaba esa convicción hasta el injerto de la Jefatura de Gabinete; aquel sueño de Alfonsín que imaginaba un probable cogobierno a la usanza de las alianzas de los sistemas parlamentarios europeos; en un escenario de fragmentación política y paridad electoral.

El pacto tuvo otros frutos, como la autonomía porteña, también conocidos por sus efectos (al respecto algo dijimos acá); y si a las cosas ha de juzgárselas por sus resultados, podría decirse que ni siquiera ese invento le funcionó al radicalismo, que sólo pudo usufructuar el gobierno de la ínsula antiperonista con Fernando De La Rúa y en alianza con el Frepaso durante la gestión de Ibarra; pero apenas hasta la irrupción de Macri y el PRO.

La mitad de los 20 años pasados desde el Pacto de Olivos transcurrió bajo el kirchnerismo, y ese no es un dato menor: el proceso político abierto el 25 de mayo del 2003 supuso convulsiones, debates y transformaciones en el país (más allá incluso de los deseos del propio kirchnerismo, o de sus realizaciones concretas); que nos hablan de una sociedad compleja y problematizada, a la que el estrecho marco de aquél acuerdo entre los dos primeros presidentes de la transición democrática, parece cada día un poco más incapaz de contener.

Tampoco puede omitirse en el balance que en el medio ocurrió la implosión del 2001, que exteriorizó con dramatismo la fragmentación creciente de un sistema político (que no ha variado desde entonces, sino más bien se ha agudizado), aun cuando parezca que cíclicamente reaparece el bipartidismo radical-peronista, bajo otras formas: algunos hablarán de populismo nac & pop por un lado, y socialdemocracia republicana progresoide, por el otro.

Y si es cierto que el clima de la disputa política en el país en los últimos años ha dificultado establecer puentes de diálogo entre el kirchnerismo y al menos una parte de la oposición, también lo es que existieron en todos estos años leyes sancionadas en el Congreso que expresaron consensos amplios hacia el interior de ambos campos (por casos las leyes de la transformación educativa); y que aquél pacto fue la hechura de dos líderes políticos (lo cual supone una simple constatación, no un juicio de valor) capaces de marcar la agenda, más allá de las propias estructuras partidarias; mucho más que la convergencia de fuerzas políticas estructuradas, en torno a una agenda compartida.

El pacto se propuso más resolver un problema concreto de poder, que viabilizar cuestionamientos centrales a un modelo económico y social que, ya por entonces, estaba dejando huellas profundas en la estructura del país; y esto se vio claro cuando radicales y frepasistas (divididos entonces entre el acuerdismo y la intransigencia con el menemismo), confluyeron en una alianza que prometía continuar con la convertibilidad, pero sin corrupción ni desprolijidades institucionales: el final de la historia de una ambición política tan acotada, es por todos conocido.

No se trató simplemente de una estrategia electoral coyuntural, que daba cuenta de la popularidad de que por entonces gozaba la ilusión primermundista de Menem y Cavallo: repasemos si no en éstos años la actitud asumida por los radicales y buena parte de la oposición, cuando el kirchnerismo planteó cambios estructurales respecto a determinadas políticas del menemismo, como la eliminación de las AFJP, la ley de medios o la reforma de la carta orgánica del Banco Central. La excepción que confirmó la regla fue el amplio respaldo a la recuperación del control estatal sobre YPF.

Y así como no hubo entonces un cuestionamiento frontal al modelo menemista (o por lo menos no existió por parte de radicales y aliados la decisión firme de poner en marcha otro alternativo), bajo la vaga idea de los "diálogos y consensos", o los famosos "tres o cuatro temas en los que todos nos tenemos que poner de acuerdo", existe hoy y de cara al 2015, un intento de restauración de la Argentina prekirchnerista; moldeada por el menemismo, prolongada durante la fallida gestión de la Alianza y a la que se intentó mantener con respirador artificial durante la transición que comenzó con la salida de De La Rúa, y terminó con la asunción de Néstor Kirchner.

De allí que una lectura crítica y provechosa en términos políticos de las consecuencias del pacto de Olivos, debe trascender el análisis estrictamente técnico de la reforma constitucional del 94', aun cuando cada uno pueda tener su propia idea al respecto: de hecho en éste post enumerábamos lo que entendemos aspectos de necesario abordaje en una futura reforma de la Constitución.

Pensar hoy, y en clave de futuro, los 20 años pasados desde aquél pacto supone un debate amplio y profundo sobre nuestro sistema político, su capacidad de representación real de la sociedad y su margen de autonomía sobre las lógicas coporativas; lo que no es sino un debate sobre el sentido último de la transición democrática post dictadura, y sobre los límites, la profundidad y la riqueza a futuro de ese proceso democrático.

Fuente: Nestornautas